Gracias… Gabo!!!

Despedimos a Gabriel García Márquez. Gracias Gabo… por todo lo que nos has dado!!! Hemos tomado tantos y tantos cafés acompañados por sus historias que merece formar parte en letras mayúsculas de nuestra sección el café de ayer. Lugares como Macondo, personajes como los Aurelianos y José Arcadi...

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Despedimos a Gabriel García Márquez.

Gracias Gabo… por todo lo que nos has dado!!!
Hemos tomado tantos y tantos cafés acompañados por sus historias que merece formar parte en letras mayúsculas de nuestra sección el café de ayer.

Gabriel García Márquez

Lugares como Macondo, personajes como los Aurelianos y José Arcadios de los Buendía, la levitación mediante el estímulo del chocolate, las ventosidades que marchitaban a las flores, El amor en los tiempos del colera de Florentino Ariza, El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar… de Crónica de una muerte anunciada…

El realismo mágico latinoamericano, en dónde la realidad supera a la ficción y lo extraordinario se concibe como algo de lo más natural.

Toda su obra tiene su cantera en su infancia en Aracataca.

Luisa, su madre, hija del Coronel Márquez y su padre Gabriel, que llegó a Aracataca como telegrafista y se presentó en su casa para proponerle matrimonio sin haberle dicho antes ni una palabra de amor.
Los padres de Luisa lucharon contra este amor, lo consideraban un forastero,  pero los telegramas le seguían allá por donde fuera y la familia acabó por ceder.

Gabriel creció en casa de sus abuelos rodeado por mujeres, la tía Francisca, la tía Petra, la tía Elvira y todas ellas tomaban lo extraordinario como natural, su abuela, Doña Tranquilina hablaba con los muertos como si estuviesen vivos y la Tía Francisca un día se puso a hacer una mortaja para ella misma y cuando la terminó se acostó y se murió.

Pero el personaje más importante para Gabriel fue su abuelo, el coronel y sus historias que se incubaron para siempre en su memoria. La muerte de su abuelo trajo el fin de su infancia y el de Aracataca.

Cien años de soledad se nutre de gran parte de sus publicaciones anteriores, siempre quiso escribir esta obra pero no encontraba la forma, hasta que un Buendía cayó en que debía de hacerlo con el mismo lenguaje en que se narran los cuentos, espacio en el que todo se hace creíble.

El olor de la guayaba“Está en mi carácter, y ya lo he dicho en muchas entrevistas: nunca, en ninguna circunstancia, he olvidado que en la verdad de mi alma no soy nadie más ni seré nadie más que uno de los dieciséis hijos del telegrafista de Aracataca.”

“… cuando me habló de aquella novela que estaba escribiendo. “Se parece a un bolero”, me dijo. (El bolero, la expresión musical más auténticamente latinoamericana, es en apariencia de un desmesurado sentimentalismo: pero tiene también un guiño, una exageración asumida con humor, un “no te lo tomes tan al pie de la letra”, que sólo, al parecer, los latinoamericanos logramos captar. Como los adjetivos de Borges.)

Me estaba hablando, claro, de Cien años de Soledad.”

“-¿Es cierto que a los dieciocho años de edad intentaste escribir esta misma novela?
-Sí, se llamaba La casa, porque pensé que toda la historia debía transcurrir dentro de la casa de los Buendía.

-¿Por qué la interrumpiste?
-Porque no tenía en aquel momento la experiencia, el aliento ni los recursos técnicos para escribir una obra así.
-Pero la historia siguió dándote vueltas en la cabeza.
-Unos quince años más. Pero no encontraba el tono que me la hiciera creíble a mí mismo. Un día, yendo para Acapulco con Mercedes y los niños, tuve la revelación: debía contar la historia como mi abuela me contaba las suyas, (…)

-¿Es cierto que diste media vuelta en la carretera y te pusiste a escribirla?
-Es cierto, nunca llegué a Acapulco.
-¿Y Mercedes?
-(…) Sin Mercedes no habría llegado a escribir el libro. Ella se hizo cargo de la situación. Yo había comprado meses atrás un automóvil. Lo empeñé y le di a ella la plata calculando que nos alcanzaría para vivir unos meses. Pero yo duré año y medio escribiendo el libro. Cuando el dinero se acabó, ella no dijo nada. Logró, no sé cómo, que el carnicero le fiara la carne, el panadero, el pan y que el dueño del apartamento nos esperara nueve meses para pagarle el alquiler. Se ocupó de todo sin que yo lo supiera (…)”

Gabriel García Márquez
El olor de la guayaba
Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza

Gabriel García Márquez

Fragmento del Discurso de aceptación del Premio Nobel

“…Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

…Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.

En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte.
…”

La soledad de América Latina (1982)
Gabriel García Márquez

Y se cuenta en los mentideros… que una de las primeras impresiones de Gabriel García Márquez al saberse valedor del Nobel fue: Se tragaron el cuento!!!

Gracias… Gabo!!!

Gabriel García Márquez

(caricatura @operamundi)

 

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